CONCLUSIONES
Los actos escolares tienen que releer la historia pasada para que los alumnos de nuestras instituciones sepan que hay que seguir construyéndola, y recurrir a la memoria para revisar nuestra propia identidad.
Buscar explicaciones, respuestas, preguntas desde el presente para volver a mirar el pasado, pudiendo así establecer relaciones entre la historia y la actualidad a partir de una mirada reflexiva sobre los valores e ideales, los hechos, las políticas, el protagonismo de hombres y mujeres, los movimientos revolucionarios y la participación de los diversos sectores sociales, culturales y políticos de nuestro país. El acto escolar, en tanto relato y escenificación, se constituiría así en una recreación y reflexión sobre los procesos de construcción de la historia argentina.
Sin embargo, sentimos que desaprovechamos la oportunidad de educar con los actos. Y no tenemos tantas otras oportunidades. Solemos hacer de los actos escolares instancias que se estrellan contra el estereotipo y el mito y no logran zafarse de allí.
Debemos encontrar un punto de equilibrio entre directivos, docentes y alumnos para no sobrecargar de tarea a nadie y crear un ambiente agradable de análisis y expresión dentro de la Institución que permita entender la historia como lucha de ideales e intereses, que estimule la participación de los alumnos como ciudadanos críticos de su pasado y comprometidos con su presente.
Contamos, además, con las nuevas tecnologías de la información y comunicación para propiciar búsquedas de fuentes de investigación y recursos tanto verbales como audio-visuales que motivarían a los niños y jóvenes para contrastar lecturas y debatir sobre los procesos de construcción de su país, para que sean los propios autores y creadores de la producción y puesta en escena de los actos escolares. De esta manera estaríamos estimulando la formación de ciudadanos activos y no de meros espectadores pasivos y hasta aburridos ante el mismo ritual que se repite año tras año.
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